Creemos siguiendo la gran ruptura teórica planteada por la teoría teatral Antonin Artaud que el teatro debe y puede religarse con el misterio de la creación y la vida. La teoría que introduce Artaud en la historia del teatro quiebra con el reinado de la literatura dramática sobre el teatro pretendiendo sentar las bases para invertir la actual ecuación en la cual el teatro es subsidiario de la literatura, que sabemos es letra fijada. Los cuerpos en escena por su parte están en movimiento, vivos, naciendo y muriendo en cada acción. Aun cuando considerásemos, que no es nuestro caso, que el teatro nace en Grecia descubrimos que nace como rito y que en el centro del espacio teatral había un altar en honor a Dioniso. En este sentido Richard Schechner entiende que el teatro o la teatralidad del espacio nace con la naturaleza humana.
creo que este tipo de espacio, un espacio de teatro, no llega tarde en las culturas humanas (digamos con los griegos en el siglo V antes de Cristo) sino que existe desde el comienzo: ese espacio teatral constituye una de las características de nuestra especie. Los primeros teatros eran centros ceremoniales partes de un sistema de caza que seguía las fuentes de alimentos de acuerdo con las temporadas, sitios de encuentro de bandas humanas que celebraban y marcaban la geografía, calendario, interacción social y proclividad de la gente a transformar naturaleza en cultura. #
Creemos que es importante recurrir al soporte y auxilio teórico de antropólogos, filósofos e intelectuales que tengan una mirada positiva sobre la cultura del mestizaje, para de esta forma elaborar un marco teórico que nos permita continuar nuestra “cultura inmigrante” para hacer teatro hacia una cultura que nos permita reencontrarnos con los saberes y las tradiciones americanas que han cambiado sus formas pero todavía nos mantienen vivos. Éste reencuentro, este proceso de mestizaje, nos ayudará a decolonizarnos culturalmente, a independizarnos definitivamente de las poéticas teatrales importadas.
Creemos además, que el director y el dramaturgo deben ceder parte de su posición jerárquica en favor del arte del actor. Éste será quien en definitiva de cuenta si aun hay esperanzas par un teatro realmente transformador y que nos ayude a reencontrar nuestra naturaleza perdida en un mundo idolatra del progreso, la técnica y el capital o si por el contrario en el cauce de la posmodernidad la mayoría de los artistas y actores del arte dramático han transformado irreversiblemente la naturaleza del teatro en un simple arte del entretenimiento.
Alan Robinson.
Julio 2012.
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