Me desilusioné porque creía que sería mucho más perturbador de lo que fue, para el espectador verse rodeado por ochos actores que nunca abandonaban las escenas rodeando por todos lados al público.
Adhiero a la idea de que el público debe participar en la obra cuando va al teatro, pero reconozco que esto es muy difícil, porque por un lado el espectador está acostumbrado a ver y respetar las normas y reglas de conducta establecidas para ver una obra de teatro y por otro lado, aquello que imaginamos en el mundo de las ideas nunca coincide con el campo real del ejercicio de la ceremonia teatral.
El acto es mas real que la idea del acto.
A veces proyectamos o deseamos o inventamos dimensiones que creemos suceden en nuestra obra, pero se derrumban si vemos que eso que quisieramos que sucediera, no sucede. Es ahi cuando hay que percibir que sucede entre el espacio del público y el espacio escénico. Ese es un esfuerzo Chamánico para el director, que tiene que percibir algo invisible y materializarlo con ayuda de los actores para incluir lo que sucede en el territorio que separa al público de los actores, en la puesta en escena.
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